30 mayo 2006

¿Quieres jugar conmigo?


La sangre, una vez que empezó a coagular, se volvió pegajosa, espesa. Ya recorría la estancia la pestilencia de la putrefacción y un amago de arcada me sacó del ensimismamiento. Ahí sentada, en el suelo, frente a su cadáver hecho trizas, no era el momento de pensar en que hacer con ello, era la oportunidad de disfrutar de la realidad paralela del instante.

No podía imaginar el bello cuadro que me regalaría cuando aceptó acompañarme a mi casita de campo. Oculta entre los árboles, apareció ante nosotros la minúscula edificación con dos plantas de apenas 40m2 cada una.
Una vez dentro, intentó besarme como siempre lo había hecho pero esta vez con un chasquido de dedos le indiqué que se reservara, que le esperaba algo más “grande”…
Completamente en silencio con un movimiento de brazos le invité a que bajara al sótano.

Sin mediar palabra, comenzó a bajar los últimos escalones de su vida y con una inusitada tranquilidad le seguí, cerrando la puerta tras de nosotros. Una vez abajo me miró con una mezcla de impaciencia y diversión. Yo le miré con serenidad y le sugerí que se sentara de espaldas a mí sobre un cajón de madera.

Frente a su espalda ya desprovista de ropa, le acaricié y sentí su último estremecimiento. Certera le clavé un enorme cuchillo de monte entre las costillas a la altura del corazón, limpiamente, sin ensañamiento. Observé como se desangraba en el suelo, boca abajo, petrificado por la sorpresa, atónito de tan inverosímil final para su miserable existencia.

Ahora era el momento de empezar a trocear, a filetear, a descarnar ese cuerpo que tan poco significaba ya. La carne me resultó más dura de lo que esperaba, pero al filo de mi cuchillo hoy no se le escaparía nada. No quise destrozar la cara, solo el cuerpo. Lo brazos despedazados en 3 partes, la espalda desdibujada por la carencia de tejidos parecía un torso y su pecho abierto en canal, me permitía ver por fin como era por dentro.

Durante horas me dediqué a jugar en silencio a hacer trozos pequeños de otros más grandes hasta que la estancia quedó completamente llena de migajas de él y de su llamativa sangre. Yo estaba completamente maquillada de granate, mi cara, mis manos… Me costaría horrores conseguir desteñir mi piel y mis uñas de ese inigualable color, de ese olor que se mastica.

Miraba el espectáculo sumida en el letargo, en una extraña paz que me invadía y me mecía sobre las agujas del reloj. La verdad del ser humano, vísceras embutidas en un endeble saco de piel.

Probablemente ya sea de noche fuera. Da igual, no tengo prisa, me han dado 3 semanas de vacaciones y las voy a disfrutar jugando contigo :)


Stigmata

3 Comments:

Anonymous Anónimo farfullo...

en el fondo (y muy cerca de la superficie) eres una charcutera.

(sin acritud)
Lo

22:26  
Anonymous Anónimo farfullo...

Charcutera que no veas como se come los chorizos con pellejo y todo. Como va todo con tu amante gay....

00:27  
Blogger Carol farfullo...

A) no es marica...

B) Calabazas...

C) Ojala hubiese llegado a ser amante una noche...

00:35  

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