13 noviembre 2005

Cruzando la raya.


Hay ocasiones en las que desgraciadamente descubres en alguien el propósito velado de hacerte daño intencionadamente. Es la única circunstancia en la que algunos reaccionamos y nos alejamos como un perro apaleado, con el rabo entre las piernas.
Se impuso el cambio, ya no es el “Pobre, lo hace sin querer”, ahora es una persona que amenaza con hacerte daño queriendo.

Algunos jugamos a salvar almas, y exponiendo el culo a que nos hagan daño parece que disfrutáramos. Pero todo tiene un límite, el mío esta en no bancarme JAMAS a personas que hacen daño a propósito. Eso es romper la única norma moral en mi vida, lo que me diferencia a la gente buena de la mala.

Perdonas el daño sin querer, una y un millón de veces, justificas la actitud de garrafón… pero un día te abren los ojos y despiertas a la realidad de que es mejor estar lejos porque realmente te van a joder y no quieren tu ayuda.

Aun así justificas de nuevo la conducta achacándola a circunstancias que sabes que no es fácil que desaparezcan pero sin las que el individuo perdería ese matiz de maldad que mina todo atisbo de amistad conmigo.

Pero claro, lo mío es la filosofía, siempre trato de buscar un por qué y soluciones prácticas al mismo. A veces las cosas salen mal, pero no voy a dejarlo porque se me muera un paciente, ¿no?