31 agosto 2005

Sentada en la esquina de a terraza me acaricia la brisa que anuncia el otoño, tengo a Mario Bunge y su “Ciencia, método y filosofía encima de las rodillas. El sol se pone y necesito del aire para respirar. En casa me enrosco.

Trato de leer, de conversar con Bunge pero la melancolía me mezcla las líneas y me agarra de la barbilla. Miro los árboles remolonear las hojas al son del viento, el naranja rojizo entre los edificios, el absurdo de estar aquí pudiendo estar allí.

El rasgo duro, muy duro. Lo que pocos conocen, el rasgo duro. Inexpresión, ninguna. Casi imposible. Predisposición a la incomunicación. Toda, más 100 personas me rodean y por lo tanto, no veo a nadie.

A lo lejos en la terraza de al lado veo a un hombre, alrededor de 45, lee una revista de opinión, barba, camiseta azul oscuro y sandalias. Pienso en lo agradable que sería sentarnos juntos a conversar, hablar de cine, filosofía o política. Me abstraigo de nuevo pensando lo difícil que es encontrar a alguien a ese nivel. Recuerdo la expresión “es difícil encontrar a personas interesantes en tu generación” y le doy la razón, y me doy la razón por mirarle. Invitarle a tomar algo, debería decírselo, pero no puedo… quizá cuando me haya tomado otra y tenga menos inhibición, maldita cobardía.

Sigo pensando y luchando con la circunstancia de sentarme siempre en la esquina, el camarero de las 50 mesas, por supuesto, me ignora. En el devenir del camarero me abstraigo de nuevo, miro la agitación de sus movimientos, sus rasgos demuestran una concentración maquinal. Casi me da miedo.
Por fin me mira y algo en mi cara debe dar pena, porque viene desechando las peticiones que se florecen a ambos lados del camino. Le pido otra y que me cobre.

Vuelvo la mirada y no está. Su vaso vacío, su silla vacía… Miro al descampado y le veo caminar hacia la acera, vuelve la vista, me mira y sigue. Un buen momento perdido.

A partir de aquí todo es nada. Inexactitud de pensamiento, de forma y de palabra. Me arrastro por el vaso y mis pensamientos me llevan al borde del pozo de azufre, como en el pozo y el péndulo, tengo que elegir si dejarme caer o esquivar el agujero.

Como por inercia me levanto. Según me hago mayor más fácil me es evitar la caída libre, y más me culpo de la cobardía de tenerla miedo. Me voy a casa a contártelo y a tomarme un White Label con hielo.

5 Comments:

Blogger Peluka farfullo...

Eso me gustó mucho!
Te entró la inspiración literaria?

Gran aguafuerte...

22:59  
Blogger Carol farfullo...

Me ofendes pero gracias.
Siempre está ahí, pero lo dedico a la filosfía y al genero erótico... para gustos están los colores, no?

23:13  
Blogger Peluka farfullo...

Perdón si sigo ofendiendo, pero debo decirte que esta pieza supera casi todo lo anterior. Al menos a mi entender. Puede que sea por falta de interés en el género erótico e ignorancia filosófica.

23:55  
Blogger LULÙ farfullo...

A MI TAMBIEN ME GUSTO, DE HECHO SIEMPRE ME GUSTA COMO ESCRIBES ERES DIFERENTE, Y ESTO LO DISFRUTE ES COMO SI LE HUBIERAS PUESTO ALGO QUE NO NOS HABIAS MOSTRADO.

02:43  
Blogger nat farfullo...

Sos valiente y cobarde sin vasos exagerados en la mano, yo se que vos sabés cómo.
igual el calor estomacal del alcohol en su justa medida es el "incentivo perfecto, el efecto resorte"
(jajaja Digo, en criollo: yo después de esa copa que nunca deberia haber tomado, pierdo el estilo y el glamour... pero igual es divertido!)

19:08  

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