16 agosto 2005

Cuestión de dignidad.


Vengo estudiando la percepción del hombre sobre sí mismo en la modernidad. La modernidad en materia filosófica es el salto que se produce entre el teocentrismo del medioevo y el antrocentrismo renacentista.
Me ha apasionado especialmente “La oración de la dignidad del hombre” de Pico Della Mirándola (quizás uno de los hombres más ilustrativos de esta etapa), tan cargada de fe en el hombre, un ensalzamiento a la libertad del hombre como el milagro del hombre, su causa y su virtud (para comprender mejor la visión de esta característica invito a consultar “El mito de Prometeo” en el Protágoras de Platón).

Pero aquí es donde hago mi inciso y me planteo la conjetura, donde encuentro la justificación al milagro de la filosofía, su razón de ser y el motivo de su estudio.

Encontramos en el humanismo renacentista un hincapié, una insistencia en la libertad del hombre para definirse, gobernarse, crearse, analizar y dominar el mundo que le rodea. Y allí surge mi duda ¿Qué queda de esto?
Ante la avalancha de libertad creativa, la explosión de amor humanista de estos pensadores, el afán de evolución y superación a los genios de la antigüedad, observo con tristeza una generalizada falta de motivación en nuestros tiempos, siempre hay excepciones pero si en los primeros tiempos se dio el cosmocentrismo, en la edad media el teocentrismo, en el modernismo el antropocentrismo ¿qué observamos hoy? ¿el capitalcentrismo? Abogo con energía por el fin del consumismo, el retorno al cultivo del pensamiento y la franca huída de la adoración por lo material. Ante una posibilidad que se nos dio servida en bandeja para la elevación del hombre y su circunstancia, nos hemos dejado embaucar, engañar por vellocinos de oro y nos hemos convertido en ovejas.

Es inevitable observar este establecimiento de los hechos como propio de la evolución, pero todo tiene su final, su cambio, si así se busca. La filosofía viene a dar solución a los problemas del hombre con su entorno y con su pensamiento, por lo tanto, no cejaremos en el empeño de buscar un nuevo espacio a “La dignidad del hombre”.